REOCÍN DE LOS MOLINOS
(CANTABRIA)
Reocín de
los Molinos se sitúa
en una hondonada en el punto de unión del río
Polla con el arroyo Bahillo. En las laderas de los distintos montes
que rodean al pueblo se muestra generosa la masa forestal de
roble de desarrollo
medio y bajo que dan al entorno una buena calidad
paisajística. A ello también contribuye la
abundante vegetación de ribera que crece a lo largo del cauce del Polla,
adornando el entorno de los numerosos molinos que han crecido a su vera.
A lo largo de más de un
kilómetro aguas arriba del río Polla aparecen media docena de molinos
maquileros que desde antiguo han venido aprovechando la fuerza de su, no
muy abundante caudal. La importancia que cobró desde mediados del siglo XVIII
el comercio harinero por el recién creado Camino de Castilla, impulsó la
fundación de este tipo de instalaciones por las zonas próximas a su paso. En
el caso de Reocín la intensa actividad molinera se debió, más que a la
cercanía al Camino de Castilla, a la existencia de la única corriente de agua
capaz de mover los mecanismos de un molino que encontramos entre Bárcena de
Ebro y Reinosa. El mejor de todos es el conocido con el nombre de la Fábrica,
el primero que nos encontramos por la carretera comarcal que lleva hasta
Reocín. Se mantiene en perfecto estado de conservación, resultando
especialmente vistoso en la parte del calce o canal y en el frente, con doble
juego de arcos entre el canal de desagüe y el puente.
El casco urbano configura un interesante conjunto de arquitectura rural
con un amplio repertorio de tipologías constructivas desde las más populares, a
base de adobe y madera, a las más nobles de sillería, como en la casa Rectoral.
Predomina el tipo de casa de una o dos alturas con balconada alta entre muros
cortafuegos, la mayoría de finales del siglo pasado o principios del actual,
similares a las que encontramos en los pueblos de la parte baja de Valderredible.
La iglesia de Santa Engracia muestra un estilo predominantemente
barroco, por lo menos en lo que respecta a la nave principal y a la torre, que
también hace las funciones de pórtico por donde se tiene acceso a la portada
clásica, fechada en 1887. En el muro sur se descubre una fábrica medieval con
canecillos toscos y desornamentados, difíciles de precisar cronológicamente,
en torno a los siglos XIV o XV. Más clara es la fábrica del paramento norte de
la cabecera, con canecillos de caveto con dos rollos similares a los que
encontramos en la iglesia de Santa Juliana de Hormiguera, del siglo XIII. En
el interior guarda interés el retablo mayor manierista del siglo XVI.